CONMEMORACIÓN DE “LA PEPA”
LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA, PROMULGADA POR LAS CORTES GENERALES DE ESPAÑA EN CÁDIZ EL 19 DE MARZO DE 1812
Asisto Admirado y escandalizado, estos días en que se celebra la conmemoración de nuestra primera constitución, aquella de 1812 en la que se recogían los derechos del pueblo, y por lo tanto se mermaban muchos de aquellos privilegios que los despóticos monarcas y su clase, gozaban desde tiempos inmemoriales.
Lo de admirado me refiero a la estupidez de una gran mayoría de las gentes que poblamos este país, en todos sus niveles, al admitir tales cosas sin una reacción mediática y callejera, y escandalizado al ver como los monarcas presiden esos actos como si fuesen realmente proclives a ese tipo de sucesos que tanto les perjudica en su ansiado absolutismo, al que secretamente veneran, conspirando ocultamente, a la espera de mejores tiempos en los que retornen las monarquías absolutas, que en definitiva, serán siempre sus más escondidos deseos, y en ello, al menos internamente, han sido instruidos.
Los reyes juran la constitución, únicamente obligados por las circunstancias que se imponen social y políticamente. Cosa de los tiempos. Pero no olvidemos, que en la historia las regresiones son muy abundantes.
Volviendo a los actos de “La Pepa”, diré que mi mayor momento en el que me sentí escandalizado, no fue cuando vi al actual monarca español leyendo, sin emoción ni convencimiento alguno, un texto de gloria hacia aquella anciana Carta Magna, si no que fue cuando presidiéndolo todo, estaba una copia del retrato que el afrancesado Goya pintara, del padre de su tatarabuela Isabel II, el nefasto y criminal Fernando VII.
Este funesto rey, llamado “El Deseado”, ya que se encontraba en Francia, a la restauración en España de la dinastía borbónica en 1814, en nombre de tan execrable monarca, quien eliminó aquella constitución condenándola con todos sus próceres, encarcelando, torturando y ejecutando de manera sumarísima y cruel a todas aquellas gentes que contribuyeran a su redacción y que ante ella prestaran juramento. Las rentas de los territorios españoles de ultramar, así como los propios, mediante la aplicación de la constitución, pasaban a la hacienda estatal no a la privada del monarca. Fernando VII no podía tolerar tales cosas y otras. Goya tuvo que exiliarse, la cabeza le iba en ello. Con él muchos más de los grandes hombres y mujeres que había en el reino. Marianita Pineda, la granadina bordadora de la nueva bandera de las libertades fue también vilmente asesinada por orden real. El terror con ese rey detestado recorrió toda la geografía del reino de España y sus ya escasos territorios de ultramar.
Me pregunto: ¿en que país vivimos que consiente tales aberraciones? Y ¿qué clase de políticos tenemos que las imponen? ¿Ignorantes, o caras duras que se burlan de nosotros? ¡Vamos!, que la cosa resulta cuando menos, un esperpento macanudo. La burla de las democracias adultas, y la mofa y befa de reyes, y de los aristócratas más rancios es el resultado de toda esta farsa. Los aristócratas, esos inútiles y parásitos que siempre sorbieron la sangre de los pueblos, y a la espera están que esos tiempos, para ellos felices vuelvan, y de nuevo a vivir sin dar palo al agua como señorones por derecho divino. Pero para ello, necesitarían recuperar la monarquía absoluta, en donde se fundamentan esas detestables cosas. Ahora bien, los reyes juran las constituciones obligados por el ascenso de los poderes populares, pero jamás por devoción, ya que de esta manera se les permite reinar, aunque sea un poquito, a la espera, como ya dijimos, de mejores tiempos para sus jamás olvidadas ambiciones, y tradición absolutista.
¡Es cosa de risa si no fuese por lo grave del asunto! ¡Válgame Dios, y soy ateo, porque tengo sentido común!, ver al rey, descendiente de tanto sapo hacer público encomio de su enemiga “La venerable Pepa” ¡Qué cosas suceden hoy en día! Más le valiera al monarca, al menos por dignidad, no presentarse, aduciendo dolor de almorranas que prestarse, como adalid de las libertades, cosa de escarnio, a tal acto y con tal fin. ¡Una farsa válida únicamente para este infeliz país! Por otro lado, si los poderes públicos actuales pensaron de esa manera arrodillarlo, en la ficción de congratularse de las políticas democráticas y constitucionales, ¡buena la ha hecho, en mi opinión, han metido la pata!
Eduardo Fernández Rivas
Lugar de Fiunchedo; 26-09-2010
domingo, 26 de septiembre de 2010
lunes, 6 de septiembre de 2010
NACIONALISMO Y GALLEGUISMO
NACIONALISMO Y GALLEGUISMO
Chirrían mis oídos, ya desde hace tiempo, con la cantinela insoportable de unos nacionalismos, para mi, innecesarios e históricamente injustificados. Puedo entender algunos de ellos, aun que no los comparta, debido a las estructuras industriales y de otra índole que esas autonomías disponen. Pero no creo que a Galicia, al menos en las circunstancias actuales, le conviniese ningún tipo de independencia absoluta. Nuestra red industrial es precaria, lo mismo que otras muchas cosas, con lo cual nuestra pretendida independencia resultaría, al menos en mi opinión, desastrosa para el bienestar y confort de nuestra ciudadanía.
Por otro lado, yo me pregunto: ¿acaso quiero sentirme extranjero en Ripollet, Madrid, Segovia, Aranda de Duero, El Roncal, o Gijón? Esto es lo que sucedería si la independencia fuese un hecho. ¿Tendría que visitar el Museo del Prado como extranjero, y tantas otras cosas que llevamos compartiendo, tanto en gastos como en beneficios, durante algunos siglos? Me parece un disparate.
Ahora bien, si hablamos de galleguismo y galleguidad, entonces es otra cosa. Quiero para mi tierra un gobierno y competencias bien fortalecidas que permitan una autonomía adecuada a nuestra singularidad y necesidades, gestionadas desde aquí, y sin tener que pasar por la humillación de un centralismo, muchas veces despótico, y habitualmente indiferente, ya que nos tratan, de manera desconsiderada, como periferia y gentes de provincias, como si fuésemos ciudadanos de tercera. Dicho esto, me reafirmo en mi galleguismo, pero dentro de la Unión. Me siento primero gallego y luego español. Por supuesto, mis emociones, en general, están más cercanas a mis compatriotas gallegos que a las de los demás miembros de la sociedad española, nativos de las otras territorialidades de la Unión, siempre, claro está, sin menoscabo de las buenas y aún maravillosas amistades que se puedan tener, tanto en cualquier punto de nuestra geografía hispánica, como en cualquier lugar y país extranjero, ¡faltaría más! Siendo todos hermanos, y rechazando la arrogancia de alguna de esas autonomías, y aplaudiendo la hermandad nacional como algo necesario, bien gestionada por unos deseados, y aún no hallados, políticos competentes, justos y honestos, dentro de la igualdad; y así, de esa manera llevada, llena esa hermandad de ventajas y felicidad.
La grandeza de Roma en la antigüedad, tras la disolución de la monarquía con la eliminación de su último rey: Tarquino el Soberbio, se inicia con la República para continuar con el Imperio, dentro de una unión sin fisuras. El mundo Celta fue conquistado, entre otras cosas, debido a su débil unión y sus continuos enfrentamientos. La caída de la poderosa Roma sobreviene, debido a la relajación de costumbres y la fragmentación que la debilitan. Dando lugar a la triste y feudal Edad Media, cuya única esperanza se fraguaba en la oración desesperada, y en la fe más irracional e inane.
Italia, a finales del siglo XIX vio que la unión era mejor que la dispersión de las pequeñas repúblicas y ciudades estado, quienes, en un conglomerado con los Estados Pontificios, mostraban unos territorios débiles y al albur de las grandes naciones. Víctor Manuel II, de la casa de Saboya, ayudado por Garibaldi y Cavour, consiguieron la ansiada unión. Alemania con su controvertido unificador Otto Von Bismarck, y otros estados centro europeos, decidieron lo mismo. Suiza dividida en tres cantones con lenguas diferentes, continúa en su beneficiosa Unión. El sur de EE.UU. de haber conseguido aquel disparate secesionista, hoy probablemente, fuera de la Unión desde entonces, sería una república bananera y católica sin prestigio alguno. Y recientemente, la independencia traumática de las RR.SS. Soviéticas de la Unión, de ningún modo, por ello, se vieron engrandecidas, quedando más bien, casi olvidadas y llenas de gravísimos problemas de todo tipo.
Es muy posible, de todas maneras, que si andando el tiempo, la Unión Europea consiguiese un afianzamiento total de entendimiento entre los estados, tanto de mandatarios como de una ciudadanía en igualdad de condiciones; lo que hoy son estados que la configuran, entonces posiblemente por desarrollo natural, político y administrativo, los pueblos pasarían a ser determinantes, y esos estados, sin trauma alguna desaparecerían, disolviéndose como resultado de una evolución social y política casi natural. Pero creo que aún estamos bien lejos de ello. Seguiremos a la espera. Para ello, las gentes metidas en el proceloso mundo de la política, deberán ser las adecuadas, y hacer un esfuerzo profundo, y reconocernos a todos por igual, sin diferencias de ninguna clase, y por supuesto disolver todo tipo de monarquías, rémoras, con una iglesia detentando aún un injustificado y manifiesto poder público, de todo progreso.
Y concluyendo diré: que jamás aceptaré un nacionalismo independentista, de esos a la brava, y por capricho de unos cuantos que únicamente buscan beneficiarse, y con ello conseguir un feudo en el que sentirse amos y señores. Como dice el axioma, y es bien antiguo: “La unión hace la fuerza, y la dispersión genera vulnerabilidad y decadencia”
Eduardo Fernández Rivas
Lugar de Fiunchedo: 06-09-2010
Chirrían mis oídos, ya desde hace tiempo, con la cantinela insoportable de unos nacionalismos, para mi, innecesarios e históricamente injustificados. Puedo entender algunos de ellos, aun que no los comparta, debido a las estructuras industriales y de otra índole que esas autonomías disponen. Pero no creo que a Galicia, al menos en las circunstancias actuales, le conviniese ningún tipo de independencia absoluta. Nuestra red industrial es precaria, lo mismo que otras muchas cosas, con lo cual nuestra pretendida independencia resultaría, al menos en mi opinión, desastrosa para el bienestar y confort de nuestra ciudadanía.
Por otro lado, yo me pregunto: ¿acaso quiero sentirme extranjero en Ripollet, Madrid, Segovia, Aranda de Duero, El Roncal, o Gijón? Esto es lo que sucedería si la independencia fuese un hecho. ¿Tendría que visitar el Museo del Prado como extranjero, y tantas otras cosas que llevamos compartiendo, tanto en gastos como en beneficios, durante algunos siglos? Me parece un disparate.
Ahora bien, si hablamos de galleguismo y galleguidad, entonces es otra cosa. Quiero para mi tierra un gobierno y competencias bien fortalecidas que permitan una autonomía adecuada a nuestra singularidad y necesidades, gestionadas desde aquí, y sin tener que pasar por la humillación de un centralismo, muchas veces despótico, y habitualmente indiferente, ya que nos tratan, de manera desconsiderada, como periferia y gentes de provincias, como si fuésemos ciudadanos de tercera. Dicho esto, me reafirmo en mi galleguismo, pero dentro de la Unión. Me siento primero gallego y luego español. Por supuesto, mis emociones, en general, están más cercanas a mis compatriotas gallegos que a las de los demás miembros de la sociedad española, nativos de las otras territorialidades de la Unión, siempre, claro está, sin menoscabo de las buenas y aún maravillosas amistades que se puedan tener, tanto en cualquier punto de nuestra geografía hispánica, como en cualquier lugar y país extranjero, ¡faltaría más! Siendo todos hermanos, y rechazando la arrogancia de alguna de esas autonomías, y aplaudiendo la hermandad nacional como algo necesario, bien gestionada por unos deseados, y aún no hallados, políticos competentes, justos y honestos, dentro de la igualdad; y así, de esa manera llevada, llena esa hermandad de ventajas y felicidad.
La grandeza de Roma en la antigüedad, tras la disolución de la monarquía con la eliminación de su último rey: Tarquino el Soberbio, se inicia con la República para continuar con el Imperio, dentro de una unión sin fisuras. El mundo Celta fue conquistado, entre otras cosas, debido a su débil unión y sus continuos enfrentamientos. La caída de la poderosa Roma sobreviene, debido a la relajación de costumbres y la fragmentación que la debilitan. Dando lugar a la triste y feudal Edad Media, cuya única esperanza se fraguaba en la oración desesperada, y en la fe más irracional e inane.
Italia, a finales del siglo XIX vio que la unión era mejor que la dispersión de las pequeñas repúblicas y ciudades estado, quienes, en un conglomerado con los Estados Pontificios, mostraban unos territorios débiles y al albur de las grandes naciones. Víctor Manuel II, de la casa de Saboya, ayudado por Garibaldi y Cavour, consiguieron la ansiada unión. Alemania con su controvertido unificador Otto Von Bismarck, y otros estados centro europeos, decidieron lo mismo. Suiza dividida en tres cantones con lenguas diferentes, continúa en su beneficiosa Unión. El sur de EE.UU. de haber conseguido aquel disparate secesionista, hoy probablemente, fuera de la Unión desde entonces, sería una república bananera y católica sin prestigio alguno. Y recientemente, la independencia traumática de las RR.SS. Soviéticas de la Unión, de ningún modo, por ello, se vieron engrandecidas, quedando más bien, casi olvidadas y llenas de gravísimos problemas de todo tipo.
Es muy posible, de todas maneras, que si andando el tiempo, la Unión Europea consiguiese un afianzamiento total de entendimiento entre los estados, tanto de mandatarios como de una ciudadanía en igualdad de condiciones; lo que hoy son estados que la configuran, entonces posiblemente por desarrollo natural, político y administrativo, los pueblos pasarían a ser determinantes, y esos estados, sin trauma alguna desaparecerían, disolviéndose como resultado de una evolución social y política casi natural. Pero creo que aún estamos bien lejos de ello. Seguiremos a la espera. Para ello, las gentes metidas en el proceloso mundo de la política, deberán ser las adecuadas, y hacer un esfuerzo profundo, y reconocernos a todos por igual, sin diferencias de ninguna clase, y por supuesto disolver todo tipo de monarquías, rémoras, con una iglesia detentando aún un injustificado y manifiesto poder público, de todo progreso.
Y concluyendo diré: que jamás aceptaré un nacionalismo independentista, de esos a la brava, y por capricho de unos cuantos que únicamente buscan beneficiarse, y con ello conseguir un feudo en el que sentirse amos y señores. Como dice el axioma, y es bien antiguo: “La unión hace la fuerza, y la dispersión genera vulnerabilidad y decadencia”
Eduardo Fernández Rivas
Lugar de Fiunchedo: 06-09-2010
sábado, 31 de julio de 2010
EL GATO; UN TIGRE DOMÉSTICO
EL GATO; UN PEQUEÑO TIGRE EN LA CASA
Ha llegado a mis oídos recientemente, la presión cruel e inhumana, y además injusta, que algunos vecinos de Sada ejercen sobre ciertas almas caritativas, a imagen de San Francisco, quien se consideraba hermano de todos los animales. Tratan, esas personas, en alianza con la sociedad “Gatocan”, de ayudar a los infelices gatos vagabundos de un barrio de la villa, concretamente el barrio de “As Brañas”, ofreciéndoles comida y otros cuidados. Teniendo estas personas que socorrer al felino, casi a escondidas, como si fuesen delincuentes. Es una vergüenza que ocurran estas cosas. Sabemos además, que este animal tiene la propiedad, casi única, cuando es acariciado por personas enfermas de nostalgia y abatimiento, de absorber el problema y transformarlo en algo positivo. Es por lo tanto, el animal adecuado para la compañía de personas mayores, y de todas aquellas que vivan en la soledad y la tristeza. Este animal, debido a su independencia y autonomía no es, por otra parte, carga molesta, ya que no necesita de una dedicación exclusiva.
El gato, el animal más misterioso y sagrado de la antigüedad. El gato que llamamos común, el más abundante por nuestras latitudes europeas, es el gato egipcio, traído desde Egipto, cuando este país era el granero de Roma, debido a sus tres abundantes cosechas de trigo al año. Las naves romanas, cuando arribaban al puerto de Ostia, en la desembocadura del Tíber, con su carga de cereales, solía esta, estar en unas condiciones lamentables, ya que los ratones que invadían esas grandes barcazas de carga, se dedicaban durante la prolongada travesía a comer la preciosa materia entre la que además, anidaban, con el daño que ello causaba. La solución a tales pérdidas y desastres, fue la introducción del gato egipcio en las naves. De esta manera, los roedores ya ni pensaban en subirse a los navíos, sabiendo el peligro gatuno que les esperaba, además durante una travesía que duraba semanas, y todos encerrados en esos barcos.
El gato egipcio, adorado y mimado por aquellas antiguas gentes, era, además de sagrado, lo era más bien la gata, llamada Bastet, la gran diosa del norte, con casa y gran templo en Bubastis, en el Delta del Nilo. Era una diosa del hogar, amiga de la mujer y favorecedora de la limpieza de los hogares, de todo tipo de bichería que tratase de entrar en las estancias. El gato era además monopolio regio, teniendo el faraón, el privilegio único, de ofrecerlo como regalo de valor incalculable, a alguno de los altos dignatarios que en visitas institucionales y embajadas, hacían al poderoso monarca del país del Nilo. Estaba terminantemente prohibido el sacarlo de Egipto, bajo penas muy duras para quien, o quienes, permitiesen que el amado animal, saliese del país.
Las representaciones de este hermoso y cariñoso felino, una especie de tigre a pequeña escala, adorno incomparable de la casa, son muy abundantes entre la iconografía del Antiguo Egipto. Todavía hoy, y como algo ancestral, en ese país no se consiente a nadie maltratar a estos animales. Si algún turista se sintiese molesto, debido a la visita de algún gato, que ronroneando pidiese comida, por entre las patas de la mesa del restaurante, que ni se le ocurra al extranjero, insultarle o hacerle gestos violentos, pues se buscará un grave problema. El amor a los animales, hay que decirlo, es también cuestión de, además de sensibilidad; de cultura. Solo la ignorancia y el patanismo más aldeano, son cómplices detestables del maltrato a estos y a otros animales. Y no olvidemos, que quien maltrata a los animales, maltratará también, y en la misma medida, a sus semejantes.
Eduardo Fernández Rivas
Lugar de Fiunchedo; 30-07-2010
Ha llegado a mis oídos recientemente, la presión cruel e inhumana, y además injusta, que algunos vecinos de Sada ejercen sobre ciertas almas caritativas, a imagen de San Francisco, quien se consideraba hermano de todos los animales. Tratan, esas personas, en alianza con la sociedad “Gatocan”, de ayudar a los infelices gatos vagabundos de un barrio de la villa, concretamente el barrio de “As Brañas”, ofreciéndoles comida y otros cuidados. Teniendo estas personas que socorrer al felino, casi a escondidas, como si fuesen delincuentes. Es una vergüenza que ocurran estas cosas. Sabemos además, que este animal tiene la propiedad, casi única, cuando es acariciado por personas enfermas de nostalgia y abatimiento, de absorber el problema y transformarlo en algo positivo. Es por lo tanto, el animal adecuado para la compañía de personas mayores, y de todas aquellas que vivan en la soledad y la tristeza. Este animal, debido a su independencia y autonomía no es, por otra parte, carga molesta, ya que no necesita de una dedicación exclusiva.
El gato, el animal más misterioso y sagrado de la antigüedad. El gato que llamamos común, el más abundante por nuestras latitudes europeas, es el gato egipcio, traído desde Egipto, cuando este país era el granero de Roma, debido a sus tres abundantes cosechas de trigo al año. Las naves romanas, cuando arribaban al puerto de Ostia, en la desembocadura del Tíber, con su carga de cereales, solía esta, estar en unas condiciones lamentables, ya que los ratones que invadían esas grandes barcazas de carga, se dedicaban durante la prolongada travesía a comer la preciosa materia entre la que además, anidaban, con el daño que ello causaba. La solución a tales pérdidas y desastres, fue la introducción del gato egipcio en las naves. De esta manera, los roedores ya ni pensaban en subirse a los navíos, sabiendo el peligro gatuno que les esperaba, además durante una travesía que duraba semanas, y todos encerrados en esos barcos.
El gato egipcio, adorado y mimado por aquellas antiguas gentes, era, además de sagrado, lo era más bien la gata, llamada Bastet, la gran diosa del norte, con casa y gran templo en Bubastis, en el Delta del Nilo. Era una diosa del hogar, amiga de la mujer y favorecedora de la limpieza de los hogares, de todo tipo de bichería que tratase de entrar en las estancias. El gato era además monopolio regio, teniendo el faraón, el privilegio único, de ofrecerlo como regalo de valor incalculable, a alguno de los altos dignatarios que en visitas institucionales y embajadas, hacían al poderoso monarca del país del Nilo. Estaba terminantemente prohibido el sacarlo de Egipto, bajo penas muy duras para quien, o quienes, permitiesen que el amado animal, saliese del país.
Las representaciones de este hermoso y cariñoso felino, una especie de tigre a pequeña escala, adorno incomparable de la casa, son muy abundantes entre la iconografía del Antiguo Egipto. Todavía hoy, y como algo ancestral, en ese país no se consiente a nadie maltratar a estos animales. Si algún turista se sintiese molesto, debido a la visita de algún gato, que ronroneando pidiese comida, por entre las patas de la mesa del restaurante, que ni se le ocurra al extranjero, insultarle o hacerle gestos violentos, pues se buscará un grave problema. El amor a los animales, hay que decirlo, es también cuestión de, además de sensibilidad; de cultura. Solo la ignorancia y el patanismo más aldeano, son cómplices detestables del maltrato a estos y a otros animales. Y no olvidemos, que quien maltrata a los animales, maltratará también, y en la misma medida, a sus semejantes.
Eduardo Fernández Rivas
Lugar de Fiunchedo; 30-07-2010
miércoles, 28 de julio de 2010
TAUROMAQUIA Y LOS FARAONES
TAUROMAQUIA EN CUESTIÓN
FARAONES TOREROS
El que yo sea o no antitaurino, que lo soy, por convicción, y sobre todo por solidaridad animal, especie a la que pertenezco, y aún apreciando la calidad estética de la fiesta, que la tiene, y yo como artista no soy ajeno a ello, entiendo también que en mi prevalezca lo primero sobre lo segundo. Cuestiones de estética hay muchas y variadas en las que deleitarse, pero sentir alegría y regodeo en la tortura y muerte de ese poderoso y bello animal, es algo que jamás podré comprender. Quienes con tal espectáculo así disfrutan, tienen solo un nombre y varios calificativos; el nombre: bestias, más aún que ese animal de lidia; calificativos: salvajes, asilvestrados, aldeanos, paletos, criminales etc. No olvidemos que quien es capaz de consentir tales barbaridades, también ha de ser capaz de cometerlas con sus semejantes, ya que su falta de escrúpulos antes tales cosas ya les deja bien definidos.
Y ahora, y por otro lado, diremos que al decir de Goya, el pintor de Fuendetodos, en sus comentarios acerca de las tauromaquias a las que era tan aficionado, dice que la fiesta taurina es traída a España por los “moros” durante la conquista de la península Ibérica, llegando hasta Francia y aún más arriba.
Es bien cierto que los ejércitos y turbas que acompañaban a los mahometanos a través del norte de África, tras la conquista de Egipto, durante el año 630, que deja de ser cristiano, para convertirse al Islam, después de la contemplación de los bajo relieves, y pinturas, en diferentes templos de Egipto, concretamente en el de Medinat Habú, al sur del Luxor actual, en la orilla occidental, perteneciente al faraón Ramsés III de la XIX dinastía, y viendo la cantidad, todavía enorme de esos animales vagar semi salvajes por las marismas del Nilo, y que si bien, durante el período faraónico eran animales únicamente cazados por el monarca, una especie de control de esos animales, en esos momentos una ancestral fiesta taurina reinaba en el país, heredada, aunque sin saberlo, del antiquísimo y ya desaparecido período faraónico. Aquí en Iberia, los musulmanes ante la abundancia de esos animales dieron también en continuar la costumbre, que poco a poco, resultó en la más elaborada y conocida, fiesta taurina al uso desde hace ya algunos siglos, tomando carta de autenticidad en nuestra patria. Los moros, durante su mandato y reinados, la llevaron desde el sur, pasando por tierras del Moncayo y el condado de Cataluña, al menos hasta la Camarga francesa; Arlés, Nimes, Béziers. Tierras todas ellas, bajo influencia y dominio musulmán durante muchos años. No hay noticias de que tal fiesta tuviese asientos durante los períodos celta y romano, ni en los reinos visigodos. Nosotros, ya elaborada como la conocemos, la llevamos al continente americano, pero eso, ya es otra cosa.
Debemos decir que ciertamente, los faraones eran toreros consumados, y que durante las fiestas jubilares, celebradas en origen, cada treinta años de reinado, con la función explícita de demostrar que sus fuerzas todavía seguían incólumes, al torear a tan fiero y robusto animal engañándolo con un trapo rojo, para luego agarrándolo por los cuernos, retorcerle el cuello, derribarlo, y así desnucarlo. Era entonces, cuando el rey continuaría siendo el señor y dios vivo de Egipto. De lo contrario, y si salía vivo del enfrentamiento, sería destituido y otro heredero más capaz y fuerte, subiría al trono.
La caza de este animal, era asimismo, cosa personal e intransferible del rey, lo mismo que la caza del león tan abundante en las bahías desérticas cercanas a las frescas riberas del gran río. Dos animales poderosos que simbolizaban la fuerza genética del macho, y el poderío incuestionable de sus potentes músculos. El león y el toro, cuando por necesidad nutricial del primero, se acercaba a las acuosas y fértiles riberas, con la intención de saciar su apetito, hincando sus poderosas mandíbulas en los cuartos traseros de estos animales, o de sus hembras y becerros, el toro, sin duda, ponía al melenudo del desierto en fuga. El enfrentamiento entre tales potencias no pasó desapercibido por las primeras tribus que poblaron aquellos parajes, convirtiendo así tal espectáculo, en la piedra angular y propia del corajudo tronío faraónico. Tras la desaparición faraónica, la fiesta antes regia, desciende, y se convierte en fiesta popular, tal como la invasión musulmana la conoció, y hasta aquí la trajo. Todavía hoy en Egipto, en Luxor, en verano se celebra la fiesta del santón Habú Hagag, en la que cuyo número más destacado, es el paseo por las calles de una barca a hombros, ancestro del paseo de la barca, de las fiestas del dios Amón. Aunque los islamizados luxoritas actuales no lo sepan.
Y no hablaremos del toro en la Creta minoica y el baile femenino de una acróbata sobre los lomos del animal, sujetado por la cornamenta por un especialista y buen mozo. De toros y sus envidias propias del macho humano, podríamos estar hablando horas y semanas. Pero, únicamente concluir diciendo, que todo lo aquí descrito está muy bien para aquellas épocas tan remotas, pero a día de hoy parece un ancestro más que anacrónico. Todo ello independiente de la cuestión catalana, que a nadie se le escapa, que es de intención identitaria, y lo peor, de desprecio a una fiesta llamada española, por lo cual, unos cuantos catalanes tratan de diferenciarse. Creen esos cuatro que arrastran a otros muchos ingenuos, en su chauvinismo que son mejores que el resto de los españoles.
Tonterías y bobadas. La fiesta debe suprimirse cuando, haciendo un referéndum nacional, es decir, de toda España, se decida por mayoría esa supresión que a mí, personalmente, me agradaría de manera profunda, y a los toros más.
Eduardo Fernández Rivas
Lugar de Fiunchedo; 28-07-2010
FARAONES TOREROS
El que yo sea o no antitaurino, que lo soy, por convicción, y sobre todo por solidaridad animal, especie a la que pertenezco, y aún apreciando la calidad estética de la fiesta, que la tiene, y yo como artista no soy ajeno a ello, entiendo también que en mi prevalezca lo primero sobre lo segundo. Cuestiones de estética hay muchas y variadas en las que deleitarse, pero sentir alegría y regodeo en la tortura y muerte de ese poderoso y bello animal, es algo que jamás podré comprender. Quienes con tal espectáculo así disfrutan, tienen solo un nombre y varios calificativos; el nombre: bestias, más aún que ese animal de lidia; calificativos: salvajes, asilvestrados, aldeanos, paletos, criminales etc. No olvidemos que quien es capaz de consentir tales barbaridades, también ha de ser capaz de cometerlas con sus semejantes, ya que su falta de escrúpulos antes tales cosas ya les deja bien definidos.
Y ahora, y por otro lado, diremos que al decir de Goya, el pintor de Fuendetodos, en sus comentarios acerca de las tauromaquias a las que era tan aficionado, dice que la fiesta taurina es traída a España por los “moros” durante la conquista de la península Ibérica, llegando hasta Francia y aún más arriba.
Es bien cierto que los ejércitos y turbas que acompañaban a los mahometanos a través del norte de África, tras la conquista de Egipto, durante el año 630, que deja de ser cristiano, para convertirse al Islam, después de la contemplación de los bajo relieves, y pinturas, en diferentes templos de Egipto, concretamente en el de Medinat Habú, al sur del Luxor actual, en la orilla occidental, perteneciente al faraón Ramsés III de la XIX dinastía, y viendo la cantidad, todavía enorme de esos animales vagar semi salvajes por las marismas del Nilo, y que si bien, durante el período faraónico eran animales únicamente cazados por el monarca, una especie de control de esos animales, en esos momentos una ancestral fiesta taurina reinaba en el país, heredada, aunque sin saberlo, del antiquísimo y ya desaparecido período faraónico. Aquí en Iberia, los musulmanes ante la abundancia de esos animales dieron también en continuar la costumbre, que poco a poco, resultó en la más elaborada y conocida, fiesta taurina al uso desde hace ya algunos siglos, tomando carta de autenticidad en nuestra patria. Los moros, durante su mandato y reinados, la llevaron desde el sur, pasando por tierras del Moncayo y el condado de Cataluña, al menos hasta la Camarga francesa; Arlés, Nimes, Béziers. Tierras todas ellas, bajo influencia y dominio musulmán durante muchos años. No hay noticias de que tal fiesta tuviese asientos durante los períodos celta y romano, ni en los reinos visigodos. Nosotros, ya elaborada como la conocemos, la llevamos al continente americano, pero eso, ya es otra cosa.
Debemos decir que ciertamente, los faraones eran toreros consumados, y que durante las fiestas jubilares, celebradas en origen, cada treinta años de reinado, con la función explícita de demostrar que sus fuerzas todavía seguían incólumes, al torear a tan fiero y robusto animal engañándolo con un trapo rojo, para luego agarrándolo por los cuernos, retorcerle el cuello, derribarlo, y así desnucarlo. Era entonces, cuando el rey continuaría siendo el señor y dios vivo de Egipto. De lo contrario, y si salía vivo del enfrentamiento, sería destituido y otro heredero más capaz y fuerte, subiría al trono.
La caza de este animal, era asimismo, cosa personal e intransferible del rey, lo mismo que la caza del león tan abundante en las bahías desérticas cercanas a las frescas riberas del gran río. Dos animales poderosos que simbolizaban la fuerza genética del macho, y el poderío incuestionable de sus potentes músculos. El león y el toro, cuando por necesidad nutricial del primero, se acercaba a las acuosas y fértiles riberas, con la intención de saciar su apetito, hincando sus poderosas mandíbulas en los cuartos traseros de estos animales, o de sus hembras y becerros, el toro, sin duda, ponía al melenudo del desierto en fuga. El enfrentamiento entre tales potencias no pasó desapercibido por las primeras tribus que poblaron aquellos parajes, convirtiendo así tal espectáculo, en la piedra angular y propia del corajudo tronío faraónico. Tras la desaparición faraónica, la fiesta antes regia, desciende, y se convierte en fiesta popular, tal como la invasión musulmana la conoció, y hasta aquí la trajo. Todavía hoy en Egipto, en Luxor, en verano se celebra la fiesta del santón Habú Hagag, en la que cuyo número más destacado, es el paseo por las calles de una barca a hombros, ancestro del paseo de la barca, de las fiestas del dios Amón. Aunque los islamizados luxoritas actuales no lo sepan.
Y no hablaremos del toro en la Creta minoica y el baile femenino de una acróbata sobre los lomos del animal, sujetado por la cornamenta por un especialista y buen mozo. De toros y sus envidias propias del macho humano, podríamos estar hablando horas y semanas. Pero, únicamente concluir diciendo, que todo lo aquí descrito está muy bien para aquellas épocas tan remotas, pero a día de hoy parece un ancestro más que anacrónico. Todo ello independiente de la cuestión catalana, que a nadie se le escapa, que es de intención identitaria, y lo peor, de desprecio a una fiesta llamada española, por lo cual, unos cuantos catalanes tratan de diferenciarse. Creen esos cuatro que arrastran a otros muchos ingenuos, en su chauvinismo que son mejores que el resto de los españoles.
Tonterías y bobadas. La fiesta debe suprimirse cuando, haciendo un referéndum nacional, es decir, de toda España, se decida por mayoría esa supresión que a mí, personalmente, me agradaría de manera profunda, y a los toros más.
Eduardo Fernández Rivas
Lugar de Fiunchedo; 28-07-2010
domingo, 25 de julio de 2010
LA MONARQUÍA Y EL CLERO
AÑO SANTO JACOBEO O LA SANTIFICACIÓN DE LO INANE
Los reyes, tras la misa solemne, saliendo de la catedral de Santiago de Compostela, en el día grande de Galicia en este año de 2010. Es patético ver como la gente apiñada trata de tocar al monarca como si estuviese investido de alguna propiedad divina que cure los males y procurase, al suplicante, la obtención de alguna prebenda.
¡Qué vergüenza! Un pueblo totalmente aldeano que todavía, por lo que se ve, no ha salido de la Edad Media, rindiendo vasallaje a un monarca como en tiempos remotos y que conviene no olvidar, para jamás repetirlos. Vasallos sin número es lo que suele verse cuando unos anacrónicos monarcas salen a la calle, o a la ventana de las apariciones, con la finalidad de presentarse ante los súbditos que les adoran; sin saber que aquellos no son más que sus saqueadores con una función de gobierno aparente, por lo tanto inane, aunque procuradora de infinitos beneficios que aseguran la fortuna de unos desaprensivos coronados, que ni ellos mismos, ante tanta estupidez, salen de su asombro, (se lo noto al rey en el rostro, lo mismo que a su mujer).
Tanta adulación y peloteo, tanto en una sustanciosa parte del pueblo, como de innúmeros políticos, resulta una agresión a las mentes e inteligencias mejor amuebladas. Un montón de parásitos, entre clero y monarcas, que semejaban un circo de oropel, perteneciente a un pasado desgraciado y abominable.
Reyes y clero; los sempiternos verdugos de los pueblos, de nuevo aclamados por las víctimas, ¡y en los tiempos que corren! ¡Vivir para ver esto!, es realmente triste. No resulta serio. Las democracias, y las repúblicas más adelantadas y asentadas, asisten estupefactas a la estupidez de un sector muy amplio de la sociedad española, que embobada cree ver en esos simulacros de gobernantes casi a su dios y a su salvación. ¡Qué pena! Llegar hasta aquí, después de todo lo pasado en este infeliz país, y tener que sufrir este tipo de bofetadas. Y ya bromeando tristemente, un club de jacobinos, viendo lo que se ve, era lo que este país necesitaría para poner fin a despropósitos, que resultan además, muy gravosos para las arcas públicas, es decir, para todos nosotros.
Eduardo Fernández Rivas
Lugar de Fiunchedo; 25-07-2010
Los reyes, tras la misa solemne, saliendo de la catedral de Santiago de Compostela, en el día grande de Galicia en este año de 2010. Es patético ver como la gente apiñada trata de tocar al monarca como si estuviese investido de alguna propiedad divina que cure los males y procurase, al suplicante, la obtención de alguna prebenda.
¡Qué vergüenza! Un pueblo totalmente aldeano que todavía, por lo que se ve, no ha salido de la Edad Media, rindiendo vasallaje a un monarca como en tiempos remotos y que conviene no olvidar, para jamás repetirlos. Vasallos sin número es lo que suele verse cuando unos anacrónicos monarcas salen a la calle, o a la ventana de las apariciones, con la finalidad de presentarse ante los súbditos que les adoran; sin saber que aquellos no son más que sus saqueadores con una función de gobierno aparente, por lo tanto inane, aunque procuradora de infinitos beneficios que aseguran la fortuna de unos desaprensivos coronados, que ni ellos mismos, ante tanta estupidez, salen de su asombro, (se lo noto al rey en el rostro, lo mismo que a su mujer).
Tanta adulación y peloteo, tanto en una sustanciosa parte del pueblo, como de innúmeros políticos, resulta una agresión a las mentes e inteligencias mejor amuebladas. Un montón de parásitos, entre clero y monarcas, que semejaban un circo de oropel, perteneciente a un pasado desgraciado y abominable.
Reyes y clero; los sempiternos verdugos de los pueblos, de nuevo aclamados por las víctimas, ¡y en los tiempos que corren! ¡Vivir para ver esto!, es realmente triste. No resulta serio. Las democracias, y las repúblicas más adelantadas y asentadas, asisten estupefactas a la estupidez de un sector muy amplio de la sociedad española, que embobada cree ver en esos simulacros de gobernantes casi a su dios y a su salvación. ¡Qué pena! Llegar hasta aquí, después de todo lo pasado en este infeliz país, y tener que sufrir este tipo de bofetadas. Y ya bromeando tristemente, un club de jacobinos, viendo lo que se ve, era lo que este país necesitaría para poner fin a despropósitos, que resultan además, muy gravosos para las arcas públicas, es decir, para todos nosotros.
Eduardo Fernández Rivas
Lugar de Fiunchedo; 25-07-2010
LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA
LA BISOÑA DEMOCRACIA ESPAÑOLA Y SUS POLÍTICOS
“VIVIR A LO GRANDE Y SIN DAR GOLPE”
La bisoñez y la juventud adolescente, siempre fue causa de confusiones y decisiones, pocas veces acertadas, debido, entre otras cosas, a la falta de madurez, y por ende la inexperiencia más palmaria, y aún comprensiva en todo ser.
Pero, si en todo individuo, esta situación resulta ya conocida, y por lo tanto, puede comprenderse y dejar que el tiempo, como cura natural, actúe; pudiendo tratarse por diversos medios, cuando en alguien se presente dificultosa en extremo, hasta el punto de poder arruinar un futuro.
Sentadas estas bases, y llevando la cosa al punto que nos interesa, que ha de ser la bisoñez de la democracia española, diremos, que aunque se oyen voces arguyendo de su ya bien clara madurez, yo, después de escuchar comentarios directos de personas bien cercanas que se dedican ya, al mundo difícil de la política, algunas de ellas, del ámbito local, y otras de más enjundia territorial, y por tanto de jurisdicciones más amplias, quienes dicen soto voce, que el único interés que les mueve, desde el momento de la reflexión que les llevó a ese mundo, era aquél de “vivir a lo grande y sin dar golpe”. Y yo diría más, como los catetos y mediocres de toda laya: “darse pote”. Palabras textuales, manifestadas en la confianza con el interlocutor, de varias de esas personas. Al tiempo de conseguir contactos para colocar a los suyos; familiares y amigos, para vivir de la misma manera, y prolongar esa regalía aún después de terminado el período de los cargos. Pensiones más que sustanciosas hasta la muerte. El excesivo apego a la poltrona, basado en los periodos legislativos sine die, confirma esa intención. El ejercicio ético de la política se basa, entre otras cosas, en ceder el cargo a la mayor brevedad, no más de dos legislaturas, a otros. En la antigua República Romana era por un año, y aún así, la corrupción reticular y clientelista, resultaba escandalosa. Toda la ciudadanía tiene derecho a ejercer su tiempo en política, pero aquí, una vez que lo atrapan, ya no permiten entrar a nadie. Todo resulta de una desvergüenza y un descaro sin paliativos. Tras la previsible debacle urbanística española, debido a su desmesura profunda, creadora de nuestra desfondada y particular crisis, con los antes prepotentes y arrogantes promotores y constructores, hoy insertos en el patetismo más desgraciado y penoso, resulta bien claro que detrás de la mayoría de aquellos turbios negocios, estaban un número infinito de alcaldes, concejales, y todo tipo de políticos de diferente nivel, quienes se han enriquecido de manera desmedida y corrupta, cobrando sobornos millonarios durante el desempeño de sus cargos públicos, sumiendo tras la crisis, en la ruina a esos sus beneficiarios, quienes, inocentemente, sacaban aquellos recursos con los que satisfacer la codicia de esos politicastros, de los peligrosos y agobiantes créditos bancarios, en la infantil creencia de que sus amigotes de poltrona, les apoyarían, después de haberles untado bien, en todas sus empresas y negocios.
La cosa, como ya sabemos, no resultó así. Los “políticos” de baratillo, desleales y avariciosos, como era de esperar, les han abandonado. Con esos dineros a buen recaudo en sus villas, casas o chalés, en los que figura, para más desfachatez, en la fachada de algunos, el cartel de una empresa de seguridad, como torpe advertencia, no de que el ladrón no entre, sino más bien manifestando, que allí, en ese interior, se encuentra escondida, al fisco y a la justicia, la fortuna tan indignamente adquirida. Se atreven, además a decir: “ya lo tenemos todo”. Resulta vergonzoso y ofensivo, el tener que escuchar tales cosas, propias de gentes aldeanas y sin mientes, y además con gesto de satisfacción y burla.
Estas, señores y señoras, son las frases que a lo largo de toda España se repiten sin cesar. Después de todo lo dicho, y podríamos entrar en otro tipo de cuestiones, mediante las cuales, se vería fácilmente que la política española, ni es madura ni honesta, ya que de ser así, sus cargos, y aún los novicios y aspirantes, estarían ya formados, y aún por tradición y costumbre, en un comportamiento ético y de servicio al país, pueblo o ciudad. Como vemos, muchos de sus miembros, que son los que hacen que la política y la democracia de nuestro país, sea infausta, debieran ser investigados con más fruición y dureza. Esos carteles de empresas de seguridad, insisto, manifiestan abiertamente la posesión de fortunas sospechosamente adquiridas. Con sus sueldos de concejal y otros, jamás podrían comprarse tales viviendas ni otras cosas. Todos los concejales de urbanismo de los últimos años, en nuestro país, así como sus jefes y compañeros, debieran ser estrechamente investigados.
La democracia española, de momento, es imberbe, torpe, y lo que es peor, permisiva con la mayoría de esos estafadores, y que además, todos, en los pueblos y ciudades, sabemos quienes son. Muchos representantes de la justicia, hay que decirlo, también ha comido en el mismo banquete de la corrupción durante estos años pasados de euforia urbanística, de ahí su laxitud, y aún silencio, en este sucio asunto. Pisos, apartamentos, y dinero a golpe de talonario, silenciaron a un número inmenso de jueces, y todo tipo de magistrados.
Nuestra democracia, de momento es una filfa, y una gravísima afrenta a la ciudadanía. No puedo pensar que una democracia madura y experimentada pueda tener tal comportamiento; sería para abominar de ella.
Eduardo Fernández Rivas
Lugar de Fiunchedo; 25-07-2010
“VIVIR A LO GRANDE Y SIN DAR GOLPE”
La bisoñez y la juventud adolescente, siempre fue causa de confusiones y decisiones, pocas veces acertadas, debido, entre otras cosas, a la falta de madurez, y por ende la inexperiencia más palmaria, y aún comprensiva en todo ser.
Pero, si en todo individuo, esta situación resulta ya conocida, y por lo tanto, puede comprenderse y dejar que el tiempo, como cura natural, actúe; pudiendo tratarse por diversos medios, cuando en alguien se presente dificultosa en extremo, hasta el punto de poder arruinar un futuro.
Sentadas estas bases, y llevando la cosa al punto que nos interesa, que ha de ser la bisoñez de la democracia española, diremos, que aunque se oyen voces arguyendo de su ya bien clara madurez, yo, después de escuchar comentarios directos de personas bien cercanas que se dedican ya, al mundo difícil de la política, algunas de ellas, del ámbito local, y otras de más enjundia territorial, y por tanto de jurisdicciones más amplias, quienes dicen soto voce, que el único interés que les mueve, desde el momento de la reflexión que les llevó a ese mundo, era aquél de “vivir a lo grande y sin dar golpe”. Y yo diría más, como los catetos y mediocres de toda laya: “darse pote”. Palabras textuales, manifestadas en la confianza con el interlocutor, de varias de esas personas. Al tiempo de conseguir contactos para colocar a los suyos; familiares y amigos, para vivir de la misma manera, y prolongar esa regalía aún después de terminado el período de los cargos. Pensiones más que sustanciosas hasta la muerte. El excesivo apego a la poltrona, basado en los periodos legislativos sine die, confirma esa intención. El ejercicio ético de la política se basa, entre otras cosas, en ceder el cargo a la mayor brevedad, no más de dos legislaturas, a otros. En la antigua República Romana era por un año, y aún así, la corrupción reticular y clientelista, resultaba escandalosa. Toda la ciudadanía tiene derecho a ejercer su tiempo en política, pero aquí, una vez que lo atrapan, ya no permiten entrar a nadie. Todo resulta de una desvergüenza y un descaro sin paliativos. Tras la previsible debacle urbanística española, debido a su desmesura profunda, creadora de nuestra desfondada y particular crisis, con los antes prepotentes y arrogantes promotores y constructores, hoy insertos en el patetismo más desgraciado y penoso, resulta bien claro que detrás de la mayoría de aquellos turbios negocios, estaban un número infinito de alcaldes, concejales, y todo tipo de políticos de diferente nivel, quienes se han enriquecido de manera desmedida y corrupta, cobrando sobornos millonarios durante el desempeño de sus cargos públicos, sumiendo tras la crisis, en la ruina a esos sus beneficiarios, quienes, inocentemente, sacaban aquellos recursos con los que satisfacer la codicia de esos politicastros, de los peligrosos y agobiantes créditos bancarios, en la infantil creencia de que sus amigotes de poltrona, les apoyarían, después de haberles untado bien, en todas sus empresas y negocios.
La cosa, como ya sabemos, no resultó así. Los “políticos” de baratillo, desleales y avariciosos, como era de esperar, les han abandonado. Con esos dineros a buen recaudo en sus villas, casas o chalés, en los que figura, para más desfachatez, en la fachada de algunos, el cartel de una empresa de seguridad, como torpe advertencia, no de que el ladrón no entre, sino más bien manifestando, que allí, en ese interior, se encuentra escondida, al fisco y a la justicia, la fortuna tan indignamente adquirida. Se atreven, además a decir: “ya lo tenemos todo”. Resulta vergonzoso y ofensivo, el tener que escuchar tales cosas, propias de gentes aldeanas y sin mientes, y además con gesto de satisfacción y burla.
Estas, señores y señoras, son las frases que a lo largo de toda España se repiten sin cesar. Después de todo lo dicho, y podríamos entrar en otro tipo de cuestiones, mediante las cuales, se vería fácilmente que la política española, ni es madura ni honesta, ya que de ser así, sus cargos, y aún los novicios y aspirantes, estarían ya formados, y aún por tradición y costumbre, en un comportamiento ético y de servicio al país, pueblo o ciudad. Como vemos, muchos de sus miembros, que son los que hacen que la política y la democracia de nuestro país, sea infausta, debieran ser investigados con más fruición y dureza. Esos carteles de empresas de seguridad, insisto, manifiestan abiertamente la posesión de fortunas sospechosamente adquiridas. Con sus sueldos de concejal y otros, jamás podrían comprarse tales viviendas ni otras cosas. Todos los concejales de urbanismo de los últimos años, en nuestro país, así como sus jefes y compañeros, debieran ser estrechamente investigados.
La democracia española, de momento, es imberbe, torpe, y lo que es peor, permisiva con la mayoría de esos estafadores, y que además, todos, en los pueblos y ciudades, sabemos quienes son. Muchos representantes de la justicia, hay que decirlo, también ha comido en el mismo banquete de la corrupción durante estos años pasados de euforia urbanística, de ahí su laxitud, y aún silencio, en este sucio asunto. Pisos, apartamentos, y dinero a golpe de talonario, silenciaron a un número inmenso de jueces, y todo tipo de magistrados.
Nuestra democracia, de momento es una filfa, y una gravísima afrenta a la ciudadanía. No puedo pensar que una democracia madura y experimentada pueda tener tal comportamiento; sería para abominar de ella.
Eduardo Fernández Rivas
Lugar de Fiunchedo; 25-07-2010
miércoles, 21 de julio de 2010
LA IGLESIA CRISTIANA Y LA PROLE
LA IGLESIA CRISTIANA Y LA PROLE
Se les dijo, tras la usurpación y eliminación de todos los credos, después del decreto del año 391 AD, emitido por Teodosio, que la mayor gloria del nuevo dios cristiano, era el recibir cuantos más seres humanos en su paraíso celeste y particular, mejor, ya que él gozaría rodeado de todos sus fieles, hasta allí elevados, tras el tránsito de la muerte. Las criaturas que no se sometiesen al cristianismo quedaban excluidas de tales placeres. Por lo visto, ese dios rechazaba de plano a la gran mayoría de sus hijos, solamente por practicar las milenarias religiones de sus mayores, válidas y respetadas hasta entonces. Siendo sometida esa ingente masa social, tildada de manera ofensiva, de pagana, a la impiedad y apostasía obligadas; cosa que requería el arrodillarse ante el nuevo credo. La obligación de apostatar públicamente, y someterse a los insultantes bautismos multitudinarios, resultaba algo cruel, vejatorio e incomprensible.
En aquellos espacios superiores y prístinos, habrían los fieles, de disfrutar de felicidad eterna en la contemplación única de ese advenedizo dios. Por otra parte, jamás visto por nadie. La mayoría analfabeta y pobre de necesidad, así lo creyó, porque también le convenía. Ningún otro dios, antes, por estos andurriales, se había fijado en la masa humilde y miserable, y mucho menos que se la eligiese como el rebaño preferido.
Los intelectuales de todo tipo, y demás personas, formadas académicamente, sintieron pavor ante tales ofertas y rebajas. Vieron el peligro y trataron de detenerlo de mil maneras. No fue posible, la masa ingente de desarrapados físicos y mentales, aglutinada por las turbas de los llamados parabolanos (gentes sin cultura que creen en cuentos y tonterías, defendiéndolas con el ardor guerrero del fanático como verdaderas), agredían y asesinaban por las calles de Alejandría, que había sido, hasta entonces, un hervidero pacífico de credos, filosofías y sacerdotes, así como de políticos e ideologías de todo tipo, a todo aquel, que siendo interrogado, se negara al bautismo cristiano, y al sometimiento a su dios, admitiendo así, a este credo, como religión, no solo única, si no también verdadera.
Las legiones acuarteladas en Alejandría, destinadas a la seguridad en la gran ciudad, no se movieron, el pretor consideró, que las turbas cristianas eran tan numerosas y violentas, que resultaría imposible el tratar de detenerlas, y erradicar aquellas muertes que se ejercían impunemente por los fanáticos cristianos, mediante apaleamiento y lapidaciones in situ.
Tomado ya el poder definitivamente por aquella muchedumbre enloquecida y fanática, liderada por el vesánico obispo cristiano: Cirilo de Alejandría, y ya establecido el orden a su manera, se comienzan a erradicar aquellos tratamientos médicos que pusieran en peligro la prevención de nacimientos o la interrupción de los embarazos.
El laserpicio o silphium, un anaovulatorio, ya bastante escaso, debido a su utilización desmedida, debido a sus maravillosas propiedades medicinales, y al tráfico que los cartagineses hacían de aquella planta, y que además, tenía la caprichosa naturaleza de no soportar bien el transplante, dándose casi exclusivamente en Cirene, fue ya perseguida a muerte. Toda la saña que los sacerdotes del nuevo credo pusieron en su destrucción, consiguió la erradicación absoluta de lo poco que quedaba.
Entre las más que abundantes aplicaciones, culinarias o medicinales, que aquella especie de Hinojo gigante poseía, estaba la de una sana y fácil contracepción, y cuando era necesario, también la interrupción de un embarazo; no deseado por múltiples causas. Plinio el Viejo, estudiante de botánica, entre otras muchas disciplinas (23-79 AD), y conocedor del regalo que a Nerón se le hizo de una planta de silphium (laserpicio), nos habla de esta especie botánica, que él estudió, con todo detalle, haciendo hincapié en su mayor virtud, dirigida a un control de la natalidad. Petronio (muerto en el año 65 AD), e su obra: “El Satiricón”, hace una clara alusión al laserpicio, cuando en la cena de Trimalción, un egipcio entona la canción del “mercader de laserpicio”.
Aquellas sociedades, educadas y formadas en tales libertades y hallazgos médicos brillantes, y seculares varias veces, se vieron de repente, obligadas a renunciar a todos los beneficios de esa planta, y de otras muchas cosas, como son la libertad que da el acceso al conocimiento que conduce a la sabiduría, y por ende a conocer y defender tus derechos con valentía y dignidad, arrancadas tras la práctica del nuevo, involucionista, y esperpéntico credo.
Lo bueno era, según esa impuesta religión por decreto imperial interesado, el tener hijos hasta cansarse. La práctica de la cópula, únicamente dirigida a la procreación. El placer que produce, condenado. Sencillamente el sentirlo y disfrutarlo, aunque fuera por despiste o dejadez instintiva, era condena a los infiernos. Dios lo exigía, condenaba lo que él mismo había creado, y los nuevos sacerdotes se encargaban de que tal exigencia se cumpliese. Cuantos más hijos más miseria, y cuanta más miseria y pobreza, menos estudios y formación. Sociedades de un número infinito de fieles, sin calidad ni coraje era lo que aquel cristianismo defendía y buscaba. La infinita cantidad numérica sin calidad alguna. Sociedades sometidas y silenciosas. El crimen más grande jamás cometido contra la humanidad, allí por donde esa casta de sacerdotes cristianos tuvo poder. Cuantas lágrimas han derramado las gentes de bien e inteligentes, durante estos casi dieciséis siglos que dura esta vergüenza y esta humillación ¡Cuantas muertes en la hoguera, torturas, y todo tipo de vesánicas crueldades, en nombre de un dios, que al igual que los precedentes, nadie vio! Crímenes de lesa humanidad que la iglesia ha cometido durante tantos siglos, y que hoy, si pudiese, volvería a cometer. Que aún en la actualidad, permanezcan sin castigo, resulta incomprensible. Esa religión es una horrible pesadilla que ya dura demasiado. Por lo que vemos y comprobamos, y tras lo aquí expuesto, no hay verdadera justicia en el mundo. Todo es una falacia.
Eduardo Fernández Rivas
Fiunchedo; 21-07-2010
Se les dijo, tras la usurpación y eliminación de todos los credos, después del decreto del año 391 AD, emitido por Teodosio, que la mayor gloria del nuevo dios cristiano, era el recibir cuantos más seres humanos en su paraíso celeste y particular, mejor, ya que él gozaría rodeado de todos sus fieles, hasta allí elevados, tras el tránsito de la muerte. Las criaturas que no se sometiesen al cristianismo quedaban excluidas de tales placeres. Por lo visto, ese dios rechazaba de plano a la gran mayoría de sus hijos, solamente por practicar las milenarias religiones de sus mayores, válidas y respetadas hasta entonces. Siendo sometida esa ingente masa social, tildada de manera ofensiva, de pagana, a la impiedad y apostasía obligadas; cosa que requería el arrodillarse ante el nuevo credo. La obligación de apostatar públicamente, y someterse a los insultantes bautismos multitudinarios, resultaba algo cruel, vejatorio e incomprensible.
En aquellos espacios superiores y prístinos, habrían los fieles, de disfrutar de felicidad eterna en la contemplación única de ese advenedizo dios. Por otra parte, jamás visto por nadie. La mayoría analfabeta y pobre de necesidad, así lo creyó, porque también le convenía. Ningún otro dios, antes, por estos andurriales, se había fijado en la masa humilde y miserable, y mucho menos que se la eligiese como el rebaño preferido.
Los intelectuales de todo tipo, y demás personas, formadas académicamente, sintieron pavor ante tales ofertas y rebajas. Vieron el peligro y trataron de detenerlo de mil maneras. No fue posible, la masa ingente de desarrapados físicos y mentales, aglutinada por las turbas de los llamados parabolanos (gentes sin cultura que creen en cuentos y tonterías, defendiéndolas con el ardor guerrero del fanático como verdaderas), agredían y asesinaban por las calles de Alejandría, que había sido, hasta entonces, un hervidero pacífico de credos, filosofías y sacerdotes, así como de políticos e ideologías de todo tipo, a todo aquel, que siendo interrogado, se negara al bautismo cristiano, y al sometimiento a su dios, admitiendo así, a este credo, como religión, no solo única, si no también verdadera.
Las legiones acuarteladas en Alejandría, destinadas a la seguridad en la gran ciudad, no se movieron, el pretor consideró, que las turbas cristianas eran tan numerosas y violentas, que resultaría imposible el tratar de detenerlas, y erradicar aquellas muertes que se ejercían impunemente por los fanáticos cristianos, mediante apaleamiento y lapidaciones in situ.
Tomado ya el poder definitivamente por aquella muchedumbre enloquecida y fanática, liderada por el vesánico obispo cristiano: Cirilo de Alejandría, y ya establecido el orden a su manera, se comienzan a erradicar aquellos tratamientos médicos que pusieran en peligro la prevención de nacimientos o la interrupción de los embarazos.
El laserpicio o silphium, un anaovulatorio, ya bastante escaso, debido a su utilización desmedida, debido a sus maravillosas propiedades medicinales, y al tráfico que los cartagineses hacían de aquella planta, y que además, tenía la caprichosa naturaleza de no soportar bien el transplante, dándose casi exclusivamente en Cirene, fue ya perseguida a muerte. Toda la saña que los sacerdotes del nuevo credo pusieron en su destrucción, consiguió la erradicación absoluta de lo poco que quedaba.
Entre las más que abundantes aplicaciones, culinarias o medicinales, que aquella especie de Hinojo gigante poseía, estaba la de una sana y fácil contracepción, y cuando era necesario, también la interrupción de un embarazo; no deseado por múltiples causas. Plinio el Viejo, estudiante de botánica, entre otras muchas disciplinas (23-79 AD), y conocedor del regalo que a Nerón se le hizo de una planta de silphium (laserpicio), nos habla de esta especie botánica, que él estudió, con todo detalle, haciendo hincapié en su mayor virtud, dirigida a un control de la natalidad. Petronio (muerto en el año 65 AD), e su obra: “El Satiricón”, hace una clara alusión al laserpicio, cuando en la cena de Trimalción, un egipcio entona la canción del “mercader de laserpicio”.
Aquellas sociedades, educadas y formadas en tales libertades y hallazgos médicos brillantes, y seculares varias veces, se vieron de repente, obligadas a renunciar a todos los beneficios de esa planta, y de otras muchas cosas, como son la libertad que da el acceso al conocimiento que conduce a la sabiduría, y por ende a conocer y defender tus derechos con valentía y dignidad, arrancadas tras la práctica del nuevo, involucionista, y esperpéntico credo.
Lo bueno era, según esa impuesta religión por decreto imperial interesado, el tener hijos hasta cansarse. La práctica de la cópula, únicamente dirigida a la procreación. El placer que produce, condenado. Sencillamente el sentirlo y disfrutarlo, aunque fuera por despiste o dejadez instintiva, era condena a los infiernos. Dios lo exigía, condenaba lo que él mismo había creado, y los nuevos sacerdotes se encargaban de que tal exigencia se cumpliese. Cuantos más hijos más miseria, y cuanta más miseria y pobreza, menos estudios y formación. Sociedades de un número infinito de fieles, sin calidad ni coraje era lo que aquel cristianismo defendía y buscaba. La infinita cantidad numérica sin calidad alguna. Sociedades sometidas y silenciosas. El crimen más grande jamás cometido contra la humanidad, allí por donde esa casta de sacerdotes cristianos tuvo poder. Cuantas lágrimas han derramado las gentes de bien e inteligentes, durante estos casi dieciséis siglos que dura esta vergüenza y esta humillación ¡Cuantas muertes en la hoguera, torturas, y todo tipo de vesánicas crueldades, en nombre de un dios, que al igual que los precedentes, nadie vio! Crímenes de lesa humanidad que la iglesia ha cometido durante tantos siglos, y que hoy, si pudiese, volvería a cometer. Que aún en la actualidad, permanezcan sin castigo, resulta incomprensible. Esa religión es una horrible pesadilla que ya dura demasiado. Por lo que vemos y comprobamos, y tras lo aquí expuesto, no hay verdadera justicia en el mundo. Todo es una falacia.
Eduardo Fernández Rivas
Fiunchedo; 21-07-2010
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